viernes, 28 de junio de 2019

El Emperador Trajano y San Eustaquio Mártir



PATRÓN DE SANLÚCAR LA MAYOR, 
SAN EUSTAQUIO MÁRTIR,
 Hermandad antigua de Sanlúcar la Mayor
Autorización Real (fechada en 2 de Julio de 1791) 
que exigían las leyes durante el reinado de Carlos III. 
Cuenta la tradición popular que una hermana  del emperador Trajano, Marcia Trajana fue la esposa de Plácido, el santo, mártir y patrón de Sanlúcar la Mayor San Eustaquio.

Sus leyendas sin valor histórico, relatan que era un general romano en los ejércitos del emperador Trajano, se llamaba Plácido y era muy aficionado a la cacería. Se hallaba cierta vez en persecución de alguna valiosa pieza en la soledad de los montes, cuando vio venir hacia él un gran ciervo en cuyos cuernos aparecía la figura de Jesucristo en la cruz (la misma historia se cuenta en la leyenda de san Huberto y en las de otros santos) y una voz que surgía de la aparición, le llamaba por su nombre. Se afirma que aquel prodigio ocurrió en la región italiana de Guadagnolo, entre Tívoli y Palestrina. La extraordinaria visión tuvo el efecto de convertir instantáneamente a Plácido al cristianismo. El general y toda su familia recibieron el bautismo y él tomó el nombre de Eustaquio, su esposa se llamó Teopistis y sus hijos, Agapito y Teopisto. Poco después de su conversión, Eustaquio perdió todos sus bienes y, tras una serie de infortunios, se vio obligado a separarse de su familia. En un momento crítico para el imperio, fue llamado para que se pusiera al mando de un ejército, volvieron los buenos tiempos y pudo reunirse con su esposa y sus hijos. Pero entonces, cuando el bienestar de este mundo se hallaba al alcance de sus manos, se negó a ofrecer sacrificios a los dioses durante la ceremonia que se celebró en Roma por su victoria al frente de las armas imperiales. Como consecuencia de aquella negativa, Eustaquio, su mujer y sus hijos, fueron encadenados sobre un enorme toro de bronce bajo el cual se encendió una hoguera a fin de que todos los miembros de la familia perecieran asados.

San Eustaquio fue un mártir durante el gobierno del emperador Adriano en el año 188. Su fiesta es celebrada en el oeste el 20 de septiembre y el 2 de noviembre se celebra en el este. Sus emblemas son: un crucifijo, un ciervo y un horno.
La leyenda cuenta que Eustaquio (Placidus antes del bautismo), vio un ciervo que venía hacia él, con un crucifijo entre sus cuernos; en ese momento, oyó una voz que le decía que iba a sufrir mucho por la causa de Cristo. Posteriormente recibió el bautismo, junto con su esposa Tatiana (o Trajana, después del bautismo Theopista) y sus hijos, Agapius y Theopistus. Se dice que el lugar de la visión fue Guadagnolo, población ubicada entre Tivoli y Palestina, cercana a Roma. Por adversidades económicas la familia de San Eustaquio tuvo que separarse, pero al poco tiempo se volvieron a unir.
Por su rechazo a los ídolos, tuvieron que asumir la muerte propiciada por un toro. Baronius (el anuncio Eccl., 103, 4) lo identificaría con Placidus, mencionado por Josefo Flavio como el general subalterno de Titus.
Los actos son ciertamente fabulosos, y recuerdan la historia similar en los reconocimientos de Clementina. Son una producción del siglo séptimo, y fueron utilizados por San Juan Damasceno. Pero, la veneración del santo es muy antigua en las iglesias griegas y latinas, donde es honrado como uno de los santos ayudantes que se invocan en situaciones difíciles. Además, es patrón de Madrid y de los cazadores y su nombre lo llevan una isla en Lesser Canilles y una ciudad canadiense.
En el año 827 existió en Roma la iglesia de San Eustaquio, llamada así por un cardenal, pero, se cree que Gregorio el grande (fallecido en el año 604), solicitó el traslado de las religiosas del santo, que permanecían en San Denis y en San Eustaquio en París.(Texto  Publicado por jose luis Marin Martínez en su blog ( http://sanlucardealpechin.blogspot.com.es/ )


San Eustaquio
Sanlúcar la Mayor tiene una dilatada historia por la que han pasado muchas civilizaciones. Haremos un breve recorrido histórico por los distintos pueblos que ha marcado de alguna manera la historia de la localidad.
El primer asentamiento humano en el término sanluqueño data de alrededor del 1.500 a.c., a unos 7 Km del casco urbano. Se trata de una necrópolis y poblado de la Edad de Bronce, se encuentran restos en el museo arqueológico provincial de Sevilla. El primer asentamiento de importancia es de época turdetana, cuando Sanlúcar se llamaba Arae-Hesperi o Hesperia, dado este nombre por un templo dedicado a Héspero(en mitología griega ,astro más brillante de la bóveda celeste, el lucero del alba-Venus-.) ..Bajo esta iglesia yacen los restos del templo al sol ,lastima no poder encontrar nada de como era .porque era impresionante su esplendor y su belleza arquitectura ...


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lunes, 3 de diciembre de 2018

El puente de la Cuesta de las Doblas


El puente de la Cuesta de las Doblas,
Breves apuntes sobre los tres puentes construidos en Sanlúcar la Mayor.
Según nuestro historiador D. Enrique Ramos Sanchez Palencia en su libro sobre la historia de Sanlúcar la Mayor,nos revela la importancia que nuestro pueblo tuvo en toda la comarca para los pueblos cercanos, para su paso por nuestro pueblo en su comunicación y transportes.Para no alejarnos muy atrás en el tiempo, partiré desde el periodo Tartésico.
Ciudad ibero-romana de Laelia.
 Laelia constituye uno de los yacimientos más singulares de la provincia.El Yacimiento del Cerro de la Cabeza de Olivares constituye uno de los elementos patrimoniales más singulares de la provincia de Sevilla. Fundada en el Bronce Final durante el periodo tartésico, recibe una fuerte influencia cultural fenicia a partir del siglo VIII a.c. Se mantiene ininterrumpidamente poblada hasta la conquista cristiana de la zona ya en el siglo XIII dc.
Con la conquista romana, la ciudad, entonces turdetana, es integrada y asimilada por Roma bajo el nombre de Laelia. Será una importante plaza comercial y productiva que llega incluso a acuñar su propia moneda en época republicana y a desarrollar una población considerable.
Descrita por Plinio, Laelia fundamentaba su existencia en el comercio de metales procedentes de la vecina Aznalcóllar y en la rica producción agrícola del Aljarafe. La navegabilidad del río Guadiamar permitía la pronta salida de las producciones hacia el mar, situado en ese periodo a pocos kilómetros.Su posición, junto al Corredor Verde del Guadiamar, la convierte además en un lugar de gran interés medioambiental.
El Imperio Romano disfrutó, entre el siglo III a.c.
y el siglo V d.c., de la riqueza de las tierras del Guadalquivir, y nuestro Guadiamar que por aquel entonce los romanos lo llamaban Maenoba, su ancho espacio permite la navegación para los barcos que transportaban las mercancías de otros países para la ciudad de Itálica,siendo en aquella época navegable hasta cierta altura por lo menos en invierno. Se localizan, perdidas entre la tierra de labor roturada, multitud de villas romanas encontrándose monedas, piedras de telares, tuberías de plomo, etc. En el siglo I a. C. se había construido el acueducto de Itálica, con origen en la zona de Gerena y destino la ciudad de Itálica. Durante la ampliación de esta ciudad se construyó otro acueducto con origen en Tejada y que sustituyó al primitivo por su mayor caudal y mejores aguas. A la altura de Aznalcázar se encuentran los restos de un puente romano.
de sus vinos, aceite, cereales y minerales. También
supieron apreciar el ingenio y la sabiduría de sus
habitantes: el filósofo Séneca y los dos emperadores romanos
Trajano y Adriano, que proceden de Itálica, en
pleno Aljarafe.Los romanos fueron los fundadores de la ciudad de Sevilla.
Su asentamiento comienza con Itálica, como primera
referencia, sobre el año 206 a.C. después de la
batalla de llipa y continua en el siglo I a.C. con la llegada
de Julio César a Sevilla, en donde se establece la
colonia de Julia Romula Hispalis.
Pero casi nada se puede explicar sin la presencia de
la civilización romana: Las lenguas latinas, la cultura,
el derecho, las obras públicas, etc.
Los conquistadores romanos llamaron Vergetum (vergel)
a estas tierras, que exportaban vino y aceite a Roma
y a otras ciudades del Imperio.

 De esta época se conservan infinidad de vestigios, y no hay población del
Aljarafe que no cuente con un trocito de su historia romana.No cabe la menor duda de que casi todas las localidades del Aljarafe contaron con estos primeros asentamientos romanos, interpretados como villas romanas.






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martes, 2 de octubre de 2018

De Sevilla a Triana y del Aljarafe a Sanlúcar


 EL PUENTE DE TRIANA
Sabemos que los romanos tras la conquista, disfrutaron de dos asentamientos principales durante el periodo del siglo I a.C., hacia el año 69, esto ocurriría con la primera llegada de César a Sevilla, y esto nos lleva al análisis de una República sin embargo, cuando en el 206 fue fundada Itálica por Publio Cornelio Escipión, es de suponer que pasarían indistintamente de la ciudad a Itálica y viceversa pero, a pie ¿por donde? ¿De qué forma había comunicación entre ambas orillas? Y más tarde los Visigodos... Aunque también sabemos que un río se pasa en distintas modalidades de embarcaciones.Los romanos, así como los visigodos, desecharon la idea de unir estas dos partes de Sevilla mediante un puente.

Inimaginable concebir una Sevilla sin puentes. El río Guadalquivir, discurriendo a lo largo de ambas orillas, sin ninguna pasarela que lo cruce. Triana y Sevilla, Sevilla y Triana frente a frente separadas por este «espejo líquido» que baña las márgenes. «Quizás por su fondo arenoso», y por no soportar peso con facilidad, no se materializó hasta el año 1171 dando el ansiado salto de la Sevilla sin puentes al primer puente que tuvo Sevilla.


El Imperio Romano disfrutó, entre el siglo III a.c. y el siglo V d.c., de la riqueza de las tierras del Guadalquivir,de su vino, aceite, cereales y minerales. También supieron apreciar el ingenio y la sabiduría de sus habitantes:De esta época se conservan infinidad de vestigios, y no hay población del Aljarafe que no cuente con un trocito de su historia romana.No cabe la menor duda de que casi todas las localidades del Aljarafe contaron con estos primeros asentamientos romanos, interpretados como villas romanas
En Sanlúcar la Mayor, los romanos construyeron la ciudad de Lucus Solis, 
que tuvo su propio senado(Senatus Populusque Solucensis).
Posteriormente se la denominó Solúcar,
al cambiar “SOUS” y “SOLIS  LUCOS”

y por la existencia de un templo dedicado al culto del Sol.

El Puente al paso del Río Guadiamar por Sanlúcar la Mayor
El puente de la Cuesta de las Doblas, en la N-431 a la altura de Sanlúcar la Mayor.
Transcurridos unos 9 Km. del inicio, la cornisa del Aljarafe se une por la izquierda del río. Precisamente en este lugar se puede aproximar con cuidado a una antigua gravera, ocupada ahora por eneas, cañas y juncos, y que se ha convertido en una zona frecuentada por las aves. Aún hoy es posible descubrir la maquinaria abandonada de la explotación. Al llegar a la altura del llamado paso del Vicario se pueden distinguir los dos primeros pueblos de la comarca del Aljarafe desde el norte: Albaida del Aljarafe y Olivares.En la carretera que une Gerena con Aznalcóllar (A 477), a la altura del kilómetro 13. Aquí se distingue, a la izquierda, la entrada al camino de uso público del Corredor. por ambos márgenes del río, desde el puente de Las Doblas hasta el puente sobre el Guadiamar de la carretera A-474, entre Aznalcázar y Pilas. En este tramo el bosque de ribera es bastante más denso. Además de su valor estético, estos bosques albergan una gran diversidad biológica y juegan un papel muy importante en las reservas de agua.
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martes, 25 de septiembre de 2018

Tras las huellas de la civilización romana


Tras las huellas de la civilización romana
Los vestigios del paso del imperio romano por Andalucía son múltiples y se pueden encontrar en todas las provincias. Teatros, anfiteatros o templos son algunos de los elementos que han quedado anclados en el tiempo. No resulta complicado, pues, trazar un recorrido para revisar el legado de esta civilización, que vivió una etapa de esplendor en Hispania.
La ciudad romana de Itálica, ubicada en el Bajo Guadalquivir, a medio camino entre Sevilla (Hispalis) y Alcalá del Río (Ilipa) y muy próxima a las rutas que conectaban con la zona de explotación minera de la Sierra Norte de Sevilla y Huelva, desempeñó un importante papel estratégico tanto en lo político-militar, como en lo económico, durante el Alto Imperio romano. Prueba de ello es que llegó a ocupar una superficie aproximada de 52 hectáreas.
Viaje por el valle del gran río
El imperio romano disfrutó, entre el siglo III a.c. y el siglo V d.c., de la riqueza de la región del río Guadalquivir: de su vino, aceite, cereales y minerales. También supieron apreciar el ingenio y la sabiduría de sus habitantes: el filósofo Séneca y los dos emperadores romanos Trajano y Adriano proceden de Itálica, a pocos kilómetros de Sevilla.